15 Marzo, 2025

¿Qué se juega cuando nos escondemos?

Una exploración sobre el escondite psicológico, el síndrome del impostor y la búsqueda de autenticidad

Persona escondiéndose - Vulnerabilidad emocional
"En la infancia, jugar a esconderse es un placer; no ser encontrado es una catástrofe."
— D. W. Winnicott

No mostrarse intencional y repetidamente nunca es un gesto neutro. Tampoco es solo timidez, prudencia o reserva. Muchas veces, cuando alguien se esconde—sea emocional, vincular o profesionalmente—se está jugando algo mucho más profundo. Se juega la historia de cómo fue mirado, escuchado y alojado alguna vez.

En muchos casos, no mostrarse es una forma de proteger algo frágil y central: la propia valía.

El juego del escondite en la infancia

En la infancia, esconderse puede ser un juego divertido. Hay disfrute en desaparecer por un instante, en probar los límites, en ensayar la ausencia sabiendo—aunque sea de manera implícita—que alguien va a buscarnos. El placer del juego está sostenido por una certeza silenciosa y fundante: no estoy solo, hay otro que me ve.

Pero cuando esa certeza falla, esconderse deja de ser juego y se vuelve defensa.

Cuando esconderse se vuelve supervivencia

Esconderse puede convertirse muy temprano también en una manera de sobrevivir. Cuando no hay otro validado que busque, cuando mostrarse no encuentra respuesta, cuando la mirada del otro es impredecible, peligrosa o ausente, el niño aprende algo que se inscribe en su personalidad: es más seguro no aparecer demasiado.

En la adultez, esto toma formas conocidas:

  • No mostrar lo que duele
  • No decir lo que falta
  • No necesitar demasiado
  • Arreglárselas solo
  • Pasar desapercibido
  • No ocupar demasiado lugar

No porque no haya deseo de encuentro, sino porque mostrarse alguna vez fue peligroso o inútil.

El problema no es esconderse alguna vez

Todos lo hacemos. El problema es cuando esconderse se vuelve la única manera posible de estar en el mundo. Cuando no mostrarse parece más seguro que existir con otros. Cuando el silencio se confunde con fortaleza y la autosuficiencia extrema con salud mental.

En esos casos, mostrarse implica riesgo: riesgo de no gustar, de fallar, de decepcionar, de quedar expuesto al juicio, al reclamo o a la burla. Y para algunos sujetos, ese riesgo alguna vez fue demasiado alto.

Las huellas del escondite en la vida adulta

En la vida adulta, estas marcas reaparecen de maneras sutiles pero persistentes:

  • Dificultad para pedir ayuda
  • Miedo a ser una carga
  • Vínculos donde se da mucho pero se muestra poco
  • Emociones intensas que se viven en soledad
  • Personas que sostienen, contienen, funcionan... pero no se permiten caer, dudar o necesitar

No ser encontrado no es solo que nadie venga. Es sentir que lo que nos pasa no tiene destinatario. Y esa experiencia deja huella.

El síndrome del impostor: El escondite adulto

El síndrome del impostor puede pensarse como una versión sofisticada del escondite en la vida adulta. El sujeto hace, logra, avanza... pero no puede apropiarse de lo que es ni de lo que construyó. Está presente, pero no se deja encontrar.

Aparece en quien siente que nunca es suficiente, aunque los hechos digan lo contrario. En quien atribuye sus logros al azar, al error ajeno o a circunstancias externas. En quien vive con la sensación constante de estar ocupando un lugar que no le corresponde del todo.

"No soy tan bueno como creen."

"Si supieran quién soy en realidad..."

"Esto se va a caer cuando se den cuenta..."

No se trata de falta de capacidad. Se trata de una desconfianza profunda en la propia legitimidad. Como si el reconocimiento recibido nunca terminara de inscribirse. Como si ser visto fuera siempre una amenaza.

Ejemplos clínicos

Ejemplo 1: Personas altamente formadas que postergan mostrar su trabajo, que minimizan sus logros, que sienten angustia ante cada evaluación—no por no saber, sino por el terror a quedar expuestas.

Ejemplo 2: Sujetos que funcionan muy bien en lo profesional, pero viven cada reconocimiento con incomodidad, culpa o incredulidad, como si no les perteneciera.

El escondite, en estos casos, no es la falta de acción, sino la imposibilidad de habitar lo que se es.

La pregunta silenciosa

Hay una pregunta silenciosa que atraviesa todas estas experiencias:

¿Qué pasa si me muestro tal como soy y no alcanza?

Mostrarse no es exhibirse ni exponerse sin límites. Es poder habitar lo que uno es sin sentirse en falta por eso. Y eso no se logra a fuerza de frases positivas o empuje voluntarista, sino revisando qué parte de uno sigue escondida por miedo, y a quién sigue esperando que venga a encontrarnos... o de quién seguimos escondiéndonos.

El espacio terapéutico: Donde no hace falta esconderse

Habitar un espacio donde no haga falta esconderse no borra la historia, pero puede reescribirla. En ese movimiento—lento, cuidadoso, profundamente humano—algo del trauma empieza a aflojar. No porque todo se diga, sino porque ya no es necesario desaparecer para seguir siendo.

La clínica muestra algo con claridad: muchas personas no llegan a consulta por lo que sienten, sino por el cansancio de seguir escondiéndose. El síntoma aparece, muchas veces, como un último intento de ser visto cuando las palabras ya no alcanzan.

¿Qué condiciones hacen falta hoy para salir y ser?

Porque mostrarse no es solo un acto de valentía individual. Requiere de un otro que pueda:

  • Mirar sin invadir
  • Escuchar sin juzgar
  • Quedarse sin exigir

Muchas veces, esa posibilidad no nace en el presente, sino que repara algo de una historia donde mostrarse no fue seguro, donde el reconocimiento fue escaso, condicional o impredecible.

Reflexión final

El espacio terapéutico puede convertirse en ese lugar donde no hay que esconderse para existir. Un lugar donde alguien busca, espera, escucha. Donde no se trata de rendir, sino de aparecer.

Donde, quizás por primera vez, ser encontrado deja de ser una catástrofe y empieza a ser una experiencia posible.

¿Te identificas con estas experiencias?

Si sientes que has estado escondiéndote o que el síndrome del impostor afecta tu vida, te invito a explorar estos temas en un espacio seguro y de confianza.

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